jueves, 22 de diciembre de 2011

Sobre el Egocentrismo



Yo mi me conmigo
A mí, siempre a mí, por qué a mí...
Todo me pasa a mí, todo es por mi culpa
El mundo gira a mi alrededor y no lo concibo de otro modo. Así cuando las cosas no salen como premedito, pareciera que se avecina el fin de mundo.
Controlo todo lo que puedo, porque como soy la parte más importante del Universo, un caos en mi persona supondria un caos espacial.
Eso que ves no es una piedra. Yo veo una montaña que escalar tan alta que a veces parece imposible llegar a la cima.
No soy egoísta; no soy ególatra. Soy egocéntrica.


Ejercicio para esta Navidad: Aprende a tener otra visión del entorno que te rodea; mira, escucha y aprende de cada tropiezo que des. Cada caída ha de ser vista como un nuevo comienzo. Llora si quieres, pero aprende de las lágrimas, no las dejes sin sentido en un pañuelo.


viernes, 9 de diciembre de 2011

Enigmas de ida y vuelta


Cuando nos sucede algo bueno en la vida, ¿es porque tenía que sucedernos?
Cuando lo que nos acontece nos produce ansiedad, ¿es porque tenemos que pasar por ella?
Cuando nos sucede algo malo, ¿siempre nos espera algo bueno detrás?
¿Lo bueno nos estanca y lo malo nos hace crecer?
¿Las lágrimas son siempre un punto y aparte en nuestras penas? ¿Nos hacen avanzar en el proceso de "darse cuenta" de nuestras limitaciones y nuestras imposibilidades?
¿En algún momento nos paramos a disfrutar de las cosas  que nos han sido regaladas del mismo modo que nos regodeamos en nuestras miserias?

Ejercicio para el fin de semana: recupera el conocimiento de tus fortalezas, que ahora no puedes o no quieres ver. Sólo desde la fortaleza podremos hacer frente a la tempestad.

martes, 6 de diciembre de 2011

Un Millón de Formas de Amar

II Parte

La cama aún estaba caliente. Las sábanas, en otro momento agitadas por el movimiento de la atracción sexual, ahora yacían sobre el suelo, arrugadas por la actividad de quien se sabe conocedor de que está sucumbiendo a lo prohibido. 
La habitación mantenía el olor a sudor y a sexo mantenido hacía apenas diez minutos. Mientras le llegaba el aroma apenas conocido de su cuerpo, Besch reflexiona sobre lo que ha hecho con ella. Desde el momento en que la conoció, nunca pensó que se materializaría el acto que acababan de cometer pero se engañaba si negara que en algún momento no había fantaseado con la idea. El sexo se había convertido para él hacia mucho tiempo en una expresión, no tanto de amor, si no de pura actividad hormonal. El sexo entendido como un acercamiento entre dos seres cercanos en un momento vital compartiendo una actividad frenética. Así lo estaba entendiendo él. Pura química humana. 
Ella sin embargo, no lo sentía así. Nunca habría entendido una relación sexual como un acto de desfogue. Sophie se sentía especialmente extraña después de aquel encuentro. Sentía timidez por haber enseñado su cuerpo desnudo, por haber acercado su olor sexual a una persona que no era su pareja y sobre todo, se sentía incómoda porque no sabia como actuar a partir de ese momento. Si bien, durante su momento de éxtasis se había permitido abandonarse a su pareja sexual, ahora ya no se sentía igual de abierta y una profunda vergüenza inundó su cuerpo hasta el punto de que se le erizó el vello del cuerpo. Besch sintió, al ver esa respuesta fisiológica, que Sophie tenia frío pero no era así. Aún mantenía el calor que le había provocado sentir su  miembro erecto dentro de ella, su cuerpo sobre ella y tras ella, recorriendo cada uno de los poros de su piel. Pocas veces se había sentido tan arropada con tan poca ropa sobre ella. Sus besos le habían hecho un manto que la protegían del exterior. Y así, en la felicidad de sentirse protegida, ella descendió sobre  el vientre de Besch y recorriendo con los dedos el vello que recorría su abdomen, se introdujo el pene en la boca. Besch estaba convencido de que si la dejaba allí lamiendo su miembro, no tardaría mucho en acabarse el encuentro así que lentamente la cogió en brazos y la tumbó en la cama. 
El primer orgasmo que alcanzó Sophie fue mientras Besch la penetraba desde detrás. Había conseguido alcanzar con su profunda penetración hasta el desconocido Punto G, hecho que le había provocado alcanzar el orgasmo de mayor intensidad de su vida, hasta el límite que pensó que había perdido el control de sus esfínteres y literalmente se había orinado encima. Tiempo después descubrió que no era así y que se trataba de una simple respuesta física del cuerpo tras un éxtasis de intensidad alta. 
El segundo orgasmo le consiguió por pura empatía con Besch al ver cómo él conseguía el suyo después de penetrarla sobre ella. Sentir su semen dentro de ella la transportó a otro mundo porque sentía que se quedaba eternamente con una parte de él. El simple hecho de ese pensamiento y esa sensación le llevó a tener un  placer inimaginable y un agotamiento físico indescriptible. Estaba en el punto en el que ella se había visualizado desde el día en que le conoció.

- ¿Dónde vas?- le dijo Sophie a Besch mientras veía como se vestía
- He de marcharme. Ha estado bien ¿no?- preguntó Besch
- Bueno, no sé si es esa la palabra. Qué vamos a hacer ahora?
- No lo sé, quizás lo mejor es que veamos hacia donde nos lleva la historia no crees?. Tampoco vamos a volvernos locos por lo que ha sucedido. A mí me ha gustado, a ti he podido sentir que también. No estropeemos nada de lo que ya tenemos por malinterpretar lo que ha pasado. 

Sophie sabía lo que Besch quería decir con esas palabras. Si bien para ambos había sido un momento inolvidable, las consecuencias del mismo no eran para ambos igual. Ella sentía que nada volvería a  ser igual, mientras que para él... para él había sido un momento de placer con una persona especial.  
Mientras Besch se dirigía hacia la puerta de salida, Sophie le miraba tan intensamente como si fuera la ultima  vez que le viera en esa situación y en ese momento. Quiso conservar en su retina y en su memoria aquel momento que estaba convencida que nunca más tendría...