jueves, 13 de octubre de 2011

...Y Los Sueños, Sueños Son

Tengo temporadas en las que recuerdo muy habitualmente y con todo tipo de detalles, los sueños que mi mente construye a lo largo de la noche (o incluso de la siesta). Ya cuando era una nena tenía incluso pesadillas que aún ahora, con 35 años, sigo recordando como si los hubiese experimentado la semana pasada. 
Recuerdo haber pasado mucho miedo, terror, a pesar de estar despierta y con mi madre al lado intentando entender un sueño absurdo pero muy real para mí. 
Una de las primeras imágenes que recuerdo en este sentido pertenece a una noche entre semana, cuando todavía compartía habitación con mi hermano mayor. Un sudor frío me empapaba la frente y el terror se apoderaba de mí. Al lado, en un costado de la cama, estaba mi madre, cogiéndome de la mano y preguntándome qué es lo que había soñado:
- Venía Pedro por el callejón y me cogía de la mano. Me metía en un portal y me quería tocar mamá. Me había secuestrado y no me dejaba salir. 
- Pedro ya no está en este barrio Silvia, no te preocupes que no te hará nada-me intentaba tranquilizar mi madre.
- La "pava" está soñando y no sabe lo que dice-argumentaba mi hermano.

Pedro era un especie de "gandul", de gamberro de barrio de clase humilde, que comenzaba a realizar los primeros actos delictivos. De alguna manera aquella información se quedó sellada en el inconsciente, para reverberar en la noche y apoderarse de mi descanso infantil porque tuvo que pasar mucho tiempo para que aquel recuerdo dejara de ser amenazador.

Habitualmente los sueños que mas recuerdo han sido los más angustiantes o los más terroríficos. Recuerdo incluso sueños relacionados con connotaciones bíblicas que  me hicieron perder el sueño durante una larga temporada. Es curioso como durante la fase en la que nos abandonamos a la inconsciencia, todo nos parece tan real que podemos sentir el sudor de nuestro miedo. Uno de mis profesores nos decía que precisamente la autenticidad del sueño es la inconsciencia del mismo; que el momento en que la mente es capaz de discernir y contemplar la posibilidad de que lo que está viviendo puede ser un sueño, el estado de inconsciencia deja paso a la semi-consciencia y al inmediato despertar. Así que uno, al parecer, no puede abandonarse al placer de disfrutar soñando, porque nunca sabe que lo está haciendo. Una lástima porque ha habido momentos en los que una hubiera deseado saber que lo que hacía no tenía repercusión alguna en la vida real.

Las personas que me conoceis sabéis que tengo sueños "famosos", sueños que difícilmente olvidaré, no tanto por el contenido del mismo sino por las veces que después han ido saliendo en muchas de mis conversaciones: no entraré a detallarlos aquí porque forman parte de mi "intimidad" (entendiendo por intimidad aquella que comparto con mi grupo más cercano de personas y sus allegados). Afortunadamente han dejado de ser un sueño para convertirse en un hilo invisible de unión entre personas que no se conocen. A mi se me puede describir de muchas maneras y ninguna de ellas es especialmente original; sin embargo, imagino a un amigo de Bilbao explicándole a otra persona de Barcelona que ademas de morena de pelo largo   soy una que tuvo un sueño especial con Patrick Swayze en un vallado y me podrían localizar fácilmente!! No es fantástico que un sueño pueda ser una unión entre dos personas que aparentemente no se conocen y que sin embargo comparten una amistad en común? A mi me maravilla. Por eso la alimento. Quizás algún día se pueda dar esa especial circunstancia...


Mientras tenía este post a medio hacer y otros tantos a medio pensar, hoy la amatxu me contaba que había tenido un sueño de lo más extraño. Y pensé: qué casualidades tiene la vida, qué bucles como diríamos en otro ámbito. Así que, a modo de despedida, os relato a continuación lo que me explicó esta mañana:

" Anoche soñé que iba por la calle con mi nieto Ander y de repente, y no sé de donde, salió una vaquilla que corría detrás nuestro. Yo corría y corría intentando llevarme también conmigo a Ander pero finalmente no pude y la vaquilla le embistió. Sin embargo, cuando miré hacia atrás, no era Ander a quien había pillado la vaquilla, sino una merluza".


Menos mal que los sueños son precisamente eso.