lunes, 27 de junio de 2011

Todo lo que siempre quiso saber sobre sexo...

Recientemente recordaba, al hilo de una conversación, esa gran película de cuando Woody Allen realizaba películas con gracia, estilo propio y genuinas "Todo lo que siempre quiso saber sobre el sexo y nunca se atrevió a preguntar" del año 1972, donde, a través de diferentes secuencias se van describiendo en tono humorístico varias de los tabúes e incluso de las desviaciones sexuales más conocidas.
Lo que hoy sabemos sobre la sexualidad ha sido adquirido muy recientemente. A partir de mediados del siglo XIX, crecen las grandes ciudades, las mujeres nos incorporamos paulatinamente al trabajo y se desarrolla lo que se conoce como el movimiento obrero, junto con una serie de factores sociales, que comienzan a interesarse por el estudio de la sexualidad. 

Un paso más allá lo constituye el estudio de los trastornos sexuales. Así, a principios del S. XX Ellis y Freud, entre otros, publican diversas investigaciones acerca de diferentes trastornos sexuales. Sin embargo, sería el matrimonio compuesto por un ginecólogo y una psicóloga (Masters & Johnson) quien desarrollaran una amplia investigación en el campo de la sexualidad humana donde implantaron terapias sexuales exitosas en el tratamiento de las diferentes disfunciones sexuales.

Hasta hace tiempos recientes, el único criterio de salud sexual era el propuesto por la moral, es decir, se consideraban conductas sexualmente adecuadas aquellas que coincidían con las prescripciones morales y por el contrario comportamientos patológicos aquellos contrarios a la moral. Afortunadamente, los criterios con los que se evalúa una conducta sexual sana está muy alejados de la moral y están más relacionados con los distintos estudios llevados a cabo en relación a la sexualidad, entre los que se incluyen el criterio estadístico, el social, la valoración subjetiva y el grado de satisfacción entre otros. 

Los trastornos sexuales se dividen en dos grandes grupos: las disfunciones sexuales y las desviaciones sexuales. En la película de Allen, se hacen referencia a ambos grupos. Para comenzar esta serie de entradas dedicadas a los trastornos sexuales más relevantes, comenzaré con la que me hizo recordar esta gran pelicula: el travestismo
Gael Garcia Bernal travestido

domingo, 19 de junio de 2011

Slowly

Durante una reunión, hace poco más de una semana, alguien me confesaba que debería mejorar su capacidad para entender los tiempos de los demás. Precisamente porque siempre he sido una persona a la que le ha costado entender y asumir que existe otro mundo de personas con otros "tiempos" diferentes a los míos, opté por profundizar en el tema con esta persona. Y comenzó a decir que siempre tenía prisa por terminar todo lo que le encargaban, por ser rápida aunque nadie se lo pidiera y a mirar con desdén a quien no lo hacía o no se imponía esa meta profesional y vital. 

Hoy, por ella, recordé algunas de las cosas que leí durante una época en mi vida y que me enseñaron a ver otro universo más allá del mío. Si bien es una característica de mi personalidad que nunca me abandonará del todo, la edad y la madurez me van enseñando la relativa importancia de la precipitación.  Personas como Anna se convierten involuntariamente en portadores de la idea de que en ocasiones tus fortalezas pueden convertirte en una amenaza para los demás y para tu propio bienestar emocional. 


Nos acostumbramos a despertar sobresaltados porque se nos hizo tarde.
A tomar café corriendo porque vamos con retraso.
A leer el diario en el metro porque no podemos perder tiempo.
A comer un sándwich porque no da tiempo para almorzar.
A salir del trabajo porque ya es la noche.
A dormir en el tren porque estamos cansados.
A cenar rápido y dormir pesados sin haber vivido el día.
Nos acostumbramos a esperar el día entero y oir en el teléfono: "hoy no puedo ir". "A ver cuando nos vemos" "La semana que viene nos juntamos".
A sonreir a las personas sin recibir una sonrisa de vuelta.
A ser ignorados cuando precisábamos tanto ser vistos.
Si el cine esta lleno nos sentamos en la primera fila y torcemos un  poco el cuello.
Si el trabajo esta complicado, nos consolamos pensando en el fin de  semana.
Y si el fin de semana no hay mucho que hacer, o andamos cortos de dinero, nos vamos a dormir temprano porque siempre tenemos sueño  atrasado.

Nos acostumbramos a ahorrar vida mientras corremos hacia lo que nunca conseguiremos porque siempre correremos en busca de algo. Siempre habrá algo a cien metros de distancia. Son los cien metros que nos separan de la felicidad que supone un trabajo hecho con cariño  y tiempo, de una amistad consolidada, de un amor cuidado y mimado. 

domingo, 12 de junio de 2011

Tomates Verdes Fritos

Hoy me acordé de esta fantástica película que narra una de las cosas más bonitas que podemos disfrutar en la vida: la amistad. Simplemente por el hecho de ser relaciones que escogemos consciente y libremente, ha de tener un lugar preferente en nuestra vida. 


Si comienzo a repasar una a una las personas a las que puedo considerar amig@s, siento que, en primer lugar, se parecen poco entre sí, y en segundo lugar, mantengo relaciones diferentes con ellas. Como si de una película se tratara, tengo amistades con las que reflexiono, con las que me permito llorar, con las que mantengo y defiendo puntos de vista vitales contrapuestos, con las que me río hasta que me salen agujetas, y hasta amistades con las que no mantengo relación habitual. Y todos ellos son igualmente queridos.

Hace unos años, en un momento complicado, cuando había tomado la decisión de cambiar de vida y dar un giro de 180 grados, sufrí uno de esos momentos de debilidad que nos permitimos en contadas ocasiones. Y en aquel momento de soledad aparente y subjetiva, una persona que sufría mi estado a 600 kilómetros de mi,  cogió un tren nocturno para llegar en la mañana siguiente y pasar conmigo el tiempo necesario hasta convertirme en alguien un poco más feliz. Aquella persona, que pocas veces dice "te quiero", me enseño qué importante era para ella mi bienestar. Y siempre estuvo conmigo, en los momentos más felices y en los más tristes, incluso llorando cuando yo  no lloraba porque ya no podía. Aquella persona, es mi amiga desde hace casi 20 años. 

Durante mi etapa en la que se ha convertido en mi segunda ciudad y mi segunda familia, he conocido personas especialmente relevantes en mi vida, por lo que me han aportado y lo que he podido transmitirles. Son personas que conozco hace siete años y que he conseguido mantener desde entonces. Algunos, obviamente, se quedaron en el camino, otros continúan en la misma senda que yo. Todos ocupan su lugar en mi alma y les estoy eternamente agradecidos por permitirme vivir experiencias extraordinarias con ellos. Este fin de año pasado ha sido, en este sentido, uno de los más bonitos que recuerdo. 

Hoy especialmente mi recuerdo y mi amor incondicional está con uno de ellos que no está pasando por su mejor momento. Quiero decirte que estoy contigo en tu dolor y tu pena como he estado en tu felicidad. Juntos podremos con todo.

Mil gracias a todos los que habéis estado, y estáis en mi vida. A los que, a pesar de conocer mis defectos y los errores que cometo, y cometeré, continúan ahi.Soy muy afortunada por contar con vosotros. 

domingo, 5 de junio de 2011

Tu Vales Mucho Nena

Son las 21:45 de un 16 de Junio. El calor aprieta aún a pesar de que el día está por finalizar. La humedad se palpa en mi cuerpo, en mis brazos y en mi cara. Estoy acostumbrada  a este calor sofocante; en mi tierra querida es así el calor a pesar de que ahora, a las 21:45 esté a más de 600 kilómetros de distancia. Estoy frente a una barra de un bar con un exquisito plato de pescado fresco delante. Pero soy incapaz de disfrutarlo. Mi amargura es más grande que el placer por degustarlo. Hace tiempo que perdí las ganas de comer, de reír y de disfrutar de la vida. No acabo de encontrar sentido a mi propia evolución personal. Después de tantos años dando por supuesto que mi vida estaba estabilizada, me encuentro aquí y ahora sola, pensando sobre qué he hecho con mi vida mientras una docena de lágrimas recorren mis mejillas. 
- "No llores; seguro que no merece la pena"- dice P. 
- "Tienes razón, pero por primera vez en mi vida me siento tan sola que me doy lástima"
- "Te apuesto una cerveza a que dentro de una hora no recuerdas ni por qué estabas llorando"- avanzaba P. mientras yo me sorprendía de su ingenuidad.

Tuvieron que pasar casi dos horas para que efectivamente yo apenas recordara el incidente nostálgico que había vivido. Aquella noche me encontré conversando de Psicología, sobre Lacan, el Psicoanálisis y su papel en la Psicología moderna, sobre las aspiraciones profesionales y personales, en definitiva, sobre todo aquello sobre lo que en silencio había estado meditando durante el ultimo y drástico año de mi vida. Un  año de mucha incomprensión, de mucha valentía y sobre todo, de mucho miedo. Pero ahí estaba, frente a unas personas que había conocido esa noche y con las que sentía que tenía tanto en común que no podía perder la ocasión de continuar en su vida. 
- "¿Y vos que hacés en tu ciudad?- Preguntó
- " Ahora trabajo en un Supermercado"- Repliqué casi avergonzada
- " Perdona que te diga una cosa nena, o perdiste el tiempo cuando estudiaste o lo estás perdiendo ahora" - aseveró con rotunda claridad. "Si eres Psicóloga, adelante, luchá por lo que quieres y no te quedés estancada en ese Supermercado de mierda"

Aquellas palabras me hicieron tanto daño que me despertaron de mi letargo, de mi tristeza y de mi dolor. Sin aquellas palabras, probablemente no estaría hoy aquí, en mi casa de Barcelona, viviendo como y con quien elegí libremente y por decisión propia. 

Aquella persona que me despertó de mi pesadilla y se ha dedicado desde entonces a hacer de mi vida un paseo agradable es Alejandro, mi marido, mi pareja, mi amigo y mi compañero de batallas. Espero recompensarte todo lo que haces por mi cada día. 

Gracias por despertarme. Gracias por elegirme. 

Gracias


sábado, 4 de junio de 2011

Mascotas Infantiles III

En el post anterior avancé la existencia de una de las mascotas más importantes en mi etapa infantil: Lazy. Era la época en la que una gran cantidad de padres y madres regalaban en verano a sus hijos un "pollito". Curiosamente, y nunca he conseguido averiguar el por qué, habituaban los proveedores de estas simpáticas mascotas, a teñirles de diferentes y estridentes colores: azules, rosa fucsia, naranjas,  y toda una gama llamativa que les hacían aún más atractivos para el público infantil. Esta era una muestra habitual de los pollitos de mi generación:
Lazy sin embargo era un pollito normal, sin un proceso de teñido previo y no tengo claro de dónde vino. Vagamente creo recordar que fue mi abuela paterna la que se encargó de que estuviera con nosotros durante un espacio de tiempo que más o menos transcurrió durante todo el periodo estival.
La mascota se convirtió, no solo en parte de mi familia sino parte de la familia del barrio. Nunca sentí que fuera un pollo al uso, de esos que se tienen en una jaula y se les de de comer pienso hasta el dia que desaparecen de nuestra vida. Lazy bajaba cada dia los tres pisos que separaban mi casa sin ascensor de la calle, sujetada por una especie de correa amarrada al cuerpo. Lazy comía hierba del jardin donde jugaba con el resto de los niños del barrio y era una más de la pandilla. Obviamente, no habia ningun pollo por los alrededores que tuviera el mismo tratamiento que ella, por eso quizás fue el pollo más admirado del barrio. No vivia en jaula de oro sino en semi libertad. Lo unico que tenia que hacer era soportar a su dueña, que en esa etapa vital no estaba excesivamente cuerda. A propósito de cuerda, Lazy aprendió a saltar a la cuerda junto con su dueña. Despues de los primeros golpes en sus delicadas patas contra la maroma, aprendió a pegar pequeños saltitos con antelación. Y así se convirtió en una pequeña deportista.
El proceso de crecimiento en los animales juega en contra para continuar su vida en una casa de 60 metros cuadrados y una familia de 4 personas. Asi que un dia, cuando el pollo se habia convertido en gallina por obra y gracia de la Naturaleza, la ama tomó la mejor decisión para Lazy: se fue a vivir a una de las huertas que rodeaba nuestro barrio. No volví a verla nunca más. El dueño de la huerta, viejo conocido de la familia, me hizo llegar el primero de los huevos que puso Lazy en la huerta y me acompañó durante el siguiente invierno. La Ama lo coció para que no se rompiera y yo lo pinté y escribí en él "hijo de Lazy".
Nunca supe de verdad si realmente estuvo en aquella huerta, si de verdad aquel huevo era el suyo o no. En realidad no es lo que importa y aquel recuerdo está tan consolidado en mi memoria vital que lo importante no es si sucedió o no sino tu propio recuerdo.

Voy a llamar a la Amá para preguntarle por si acaso.