domingo, 10 de julio de 2011

El Placer de Mirar y Ser Mirado: Voyeurismo y Exhibicionismo

Del verbo francés "voir" y el sufijo "eur", la traducción al castellano de la palabra voyeur significaría "el que ve" u "observador". La sintomatología básica de este trastorno, cuando se convierte en parafilia, consiste en intensas emociones sexuales persistentes que implican el hecho de observar ocultamente a personas, por lo general desconocidas, cuando están desnudas, en proceso de hacerlo o en plena actividad sexual. El acto de mirar se efectúa con el propósito de obtener una excitación sexual y no se busca por lo general ningún tipo de relación con la persona a la que se observa. 
El voyerismo es bastante más frecuente entre el género masculino que en el femenino, ya que en ellos es más común que se produzca la excitación sexual por el sentido de la vista que en el caso de las mujeres. 

¿Cuándo "mirar" se convierte en trastorno?  

Una gran parte de los hombres y las mujeres nos excitamos con la visión de cuerpos desnudos y personas realizando el acto sexual, sobre todo cuando lo hacemos clandestinamente o cuando los participantes en la acción sexual no son conscientes de tener un público. Y sentir esto es natural, sano y excitante. Sin embargo, cuando mirar se convierte en obsesión, cuando preferimos masturbarnos mirando a personas desconocidas antes que tener sexo con nuestra propia pareja o cuando simplemente no controlamos nuestra conducta y la hacemos enfermiza, hablamos de una conducta parafílica o una Desviación Sexual. 

¿Y qué sucede con el Exhibicionista? 
Clásica gabardina de Exhibicionista
El exhibicionista, a pesar de que pudiera parecer que es el complemento ideal del voyeur, no lo es en realidad, ya que para estos se excitan sexualmente con la exposición de sus propios genitales a personas desconocidas y que no lo esperan, ya que una de las componentes excitatorios es la emoción de "sorprender" y de asustar al otro. 
El  exhibicionista. en común con el voyerista, no suele atacar o molestar a su "victima". Su gratificación se produce al observar la reacción, que casi siempre es de sorpresa, temor o disgusto e indignación. Así por tanto, las mujeres que conservan la calma es esa situación frustran su intento de excitación sexual. 

Conductas voyeristas y exhibicionistas socialmente aceptadas
En nuestras conductas diarias, a menudo podemos encontrar conductas de ambos tipos, incluso el cine se ha encargado de plasmarlas, a veces como comportamientos de salvación, a veces como comportamientos naturales en la conducta de las personas que la realizan. 

En la película La Ventana Indiscreta (1954), un inconmesurable James Stewart, se convertía en el voyeur más conocido de la historia cinematográfica, observando meticulosamente la vida de sus vecinos a través de unos prismáticos 
J. Stewart voyeur socialmente aceptado

Algunas canciones también nos han ayudado a conocer el fenómeno voyeur y su mirada clandestina e "ilicita" como esta de Soda Stereo




Pero más allá de las canciones y las películas, todos somos capaces de detectar en nuestro alrededor, no ya personas exhibicionistas (que también las hay) sino conductas exhibicionistas. 
¿Alguien da más en la conducta de exhibición?

Yo incluso me he exhibido en ocasiones por considerar que lo que podía ofrecer en un momento y situación determinados era digno de ser visto. Y sin embargo, ¿por qué en muchos momentos son conductas que nos provocan rechazo? ¿ Por qué consideramos que una conducta exhibicionista no es admirable o nos irrita el constante pavoneo de muchos de las personas de nuestro entorno? ¿Acaso existe un miedo ancestral, filogenético a las conductas de muestra de los demás? ¿Quizás tememos que nos "asusten" o nos "sorprendan"?

1 comentario:

  1. Yo tengo muy claro que soy una mirona, espía, fisgona, voyeur… y además observadora, soy muy observadora. Todos tenemos un punto exhibicionista o voyeur, o ambos a la vez. A todos nos gusta mirar sabiendo que no somos vistos, y también nos produce satisfacción mostrarnos, aunque sea una parte de nosotros, ante un público o un “alguien”. Y para esto, internet es el paraíso de los ególatras.
    Muy pocas cosas me podía permitir cuando era niña, más bien ninguna. Recuerdo con ingenuidad mi más tierna infancia, y aunque mis recuerdos – dados mis 43 años - son ya en color y no en blanco y negro, puedo comprobar lo que " han cambiado las cosas". Tenía un caballete y mis temperas de colores de cuando tuve un ramalazo artistico, de la misma época que me dió por hacer cuencos de arcilla. Tenía mi muñeca Mery de plástico, un poco dura para mi gusto (las muñecas de la época, regordeta y peliroja), que siempre olía a nuevo. Mi hermana Deni hizo con ella sus prácticas de peluquería típicas de las hermanas pequeñas, le cortaba el pelo y le escribía con bolígrafo en la cara una y otra vez. Cuando esto pasaba la llevabamos a una clínica de muñecas que estaba en el barrio de Jesús María y me la devolvían nueva (le regeneraban hasta el pelo); Y un diario que me regaló mi tía Mariella en algún cumpleaños, de color rosa con unas florecitas celestes. Mi Diario estaba dotado de todos de medios de protección posibles - candado cutre-fashion- para salvaguardar su intimidad de las curiosas miradas de extraños, en concreto luzmila, mi madre o mi hermana Denisse que pudiesen, cual paparazzis o periodistas del corazón, utilizarlos en mi contra. Ingenuos sí, pero no tontos , eramos conscientes de la fragilidad de la pseudo-seguridad del diario, por lo que el guardián de nuestro corazón se escondía en lo más recóndito de la habitación, lejos de miradas indiscretas. Yo lo guardaba en el cajón de mis calcetines. Ahora lo pienso y no comprendo como con 11 años no podía pensar en algún lugar algo más original para aquel tesoro. A él le confiaba mis más recónditos y profundos pensamientos y sentimientos. Lo que pensaba sobre la vida y sobre todo lo que pensaba sobre mis amigas cuando me enfadaba con ellas. (pobre Mari Pili, era co-protagonista de mi Diario)
    Pero como ya dije antes: las cosas han cambiando mucho. Ayer, pocos secretos podían abrazar el corazón de unos niños y los pensamientos se ponían negro sobre blanco ante la imposibilidad de encontrar almas gemelas que los comprendiesen; hoy, corazones atormentados o felices, solitarios o promiscuos, cabezas más o menos amuebladas o exhibicionistas de lo propio y lo ajeno, no solo no ocultamos - me incluyo- sino que al igual que náufragos en el mar de la red, arrojamos nuestros mensajes en la botella del Blog, a la espera de que otros corazones lo encuentren y nos abran los suyos. Pasamos del secreto al exhibicionismo, de la confidencia del amigo al voyeurismo de encontrar y- como entonces- sólo aquellos que sienten lo mismo que tú, te buscan sin tu saberlo.
    Nos venden facilidades para difundir una nota… nos seducen con lemas apetitosos tipo “reencuéntrate con tus amigos de la infancia…” o “explícale al mundo lo que piensas en veinte caracteres…”.fomentando las facilidades para la vida moderna. Y no nos engañemos, aquel que hoy en día no conoce Twitter o Facebook es un bicho raro. Es tremendo ver cómo adolescentes se tiran el día enganchados, limitándose a pinchar un “me gusta” o apuntándose a grupos absurdos, publicando fotografías “innecesarias” y exhibicionistas. Como en todo, no es el uso en sí mismo lo que me preocupa, sino el mal uso de estas aplicaciones. Todo lo que cuelgan es muy íntimo: ¡es su intimidad!, que es más íntimo mostrar la mirada, que mostrar el culo, ¡rediós!

    ResponderEliminar