Durante una reunión, hace poco más de una semana, alguien me confesaba que debería mejorar su capacidad para entender los tiempos de los demás. Precisamente porque siempre he sido una persona a la que le ha costado entender y asumir que existe otro mundo de personas con otros "tiempos" diferentes a los míos, opté por profundizar en el tema con esta persona. Y comenzó a decir que siempre tenía prisa por terminar todo lo que le encargaban, por ser rápida aunque nadie se lo pidiera y a mirar con desdén a quien no lo hacía o no se imponía esa meta profesional y vital.
Hoy, por ella, recordé algunas de las cosas que leí durante una época en mi vida y que me enseñaron a ver otro universo más allá del mío. Si bien es una característica de mi personalidad que nunca me abandonará del todo, la edad y la madurez me van enseñando la relativa importancia de la precipitación. Personas como Anna se convierten involuntariamente en portadores de la idea de que en ocasiones tus fortalezas pueden convertirte en una amenaza para los demás y para tu propio bienestar emocional.
Nos acostumbramos a despertar sobresaltados porque se nos hizo tarde.
A tomar café corriendo porque vamos con retraso.
A leer el diario en el metro porque no podemos perder tiempo.
A comer un sándwich porque no da tiempo para almorzar.
A salir del trabajo porque ya es la noche.
A dormir en el tren porque estamos cansados.
A cenar rápido y dormir pesados sin haber vivido el día.
Nos acostumbramos a esperar el día entero y oir en el teléfono: "hoy no puedo ir". "A ver cuando nos vemos" "La semana que viene nos juntamos".
A sonreir a las personas sin recibir una sonrisa de vuelta.
A ser ignorados cuando precisábamos tanto ser vistos.
Si el cine esta lleno nos sentamos en la primera fila y torcemos un poco el cuello.
Si el trabajo esta complicado, nos consolamos pensando en el fin de semana.
Y si el fin de semana no hay mucho que hacer, o andamos cortos de dinero, nos vamos a dormir temprano porque siempre tenemos sueño atrasado.
Nos acostumbramos a ahorrar vida mientras corremos hacia lo que nunca conseguiremos porque siempre correremos en busca de algo. Siempre habrá algo a cien metros de distancia. Son los cien metros que nos separan de la felicidad que supone un trabajo hecho con cariño y tiempo, de una amistad consolidada, de un amor cuidado y mimado.
Recuerdo que cuando era pequeña que me llamaba mucho la atención los refranes (Bueno, esta sigue siendo una de las características de mi personalidad “el hombre es como el oso…Cuanto más feo más hermoso”). Esas frases cortas, fáciles de recordar, que encierran una gran sabiduría popular y que se pueden aplicar en infinidad de situaciones cotidianas. Recuerdo uno de los preferidos de mi abuelo Cristino, que siempre me decía "no hay atajo sin trabajo", cuando yo intentaba descubrir un nuevo camino para hacer las cosas, tenía 6 años entonces y me impresionaba ese hombre que vivió toda su vida cosechando vegetales en los Andes peruanos (berenjenas como tú). Aunque mi refrán preferido es sin duda "vísteme despacio que tengo prisa". En mi infancia, yo no terminaba de comprender esa aparente contradicción del refrán (si tengo prisa, ¿por qué he de vestirme despacio?). Con los años, en infinidad de ocasiones he realizado cosas con tanta rapidez que ha terminado por salir mal teniendo que volver a empezar de nuevo y por tanto empleando más tiempo del deseado. Y es que vivimos en un mundo donde todo nos incita a ir deprisa, demasiado deprisa. Tu blog me ha hecho reflexionar y mucho sobre esta cuestión. Algo tiene que estar fallando en este "Primer Mundo", países desarrollados, países industrializados, Occidente, el ombligo del mundo que nos pensamos que somos, cuando sus ciudadanos vivimos siempre pendientes del reloj, de las fechas límite, pensando que al día le faltan horas, viajando a toda prisa con nuestros vehículos, haciendo veinte cosas a la vez, quejándonos de que “nunca tengo tiempo para...mí! Lentitud no quiere decir ineficacia, sino equilibrio. Actuar rápido cuando la situación lo requiere y hacerlo despacio cuando lo más conveniente es la lentitud.
ResponderEliminar¿Miras constantemente tu reloj?
¿Cambias de carril para adelantar a algunos pocos vehículos y "ganar" unos segundos?
¿Cenas viendo la tele o leyendo la prensa? ¿Por que no pruebas a apagarla y mantener una conversación con tu compañero de mesa? ¿Te obsesiona la blackberry?
¿Dedicas tiempo a jugar con tus sobrinos o a disfrutar leyendo un cuento con ellos antes de dormir o les dices que no tienes tiempo?
¿Te enojas cuando en la caja del supermercado hay más de dos personas en cola?
¿Cuando fue la última vez que simplemente te sentase a reflexionar o a pasear sin rumbo fijo?
Hay una manera diferente de hacer las cosas y disfrutar de la vida. Haciéndolo todo con el mismo cariño que si fuera la última vez… El sábado mientras estaba en la piscina, deseaba no estar en otra parte que allí, en remojo. Cuando me reuní con toda mi familia para comer, estaba disfrutando de mis sobrinos y de la cara de felicidad de mi hermana pequeña, anunciándonos que se casa el año que viene. No quiero ir corriendo a todas partes, quiero ir despacio y disfrutando de cada minuto.
¿Me apunto al movimiento Slowly contigo?