sábado, 4 de junio de 2011

Mascotas Infantiles III

En el post anterior avancé la existencia de una de las mascotas más importantes en mi etapa infantil: Lazy. Era la época en la que una gran cantidad de padres y madres regalaban en verano a sus hijos un "pollito". Curiosamente, y nunca he conseguido averiguar el por qué, habituaban los proveedores de estas simpáticas mascotas, a teñirles de diferentes y estridentes colores: azules, rosa fucsia, naranjas,  y toda una gama llamativa que les hacían aún más atractivos para el público infantil. Esta era una muestra habitual de los pollitos de mi generación:
Lazy sin embargo era un pollito normal, sin un proceso de teñido previo y no tengo claro de dónde vino. Vagamente creo recordar que fue mi abuela paterna la que se encargó de que estuviera con nosotros durante un espacio de tiempo que más o menos transcurrió durante todo el periodo estival.
La mascota se convirtió, no solo en parte de mi familia sino parte de la familia del barrio. Nunca sentí que fuera un pollo al uso, de esos que se tienen en una jaula y se les de de comer pienso hasta el dia que desaparecen de nuestra vida. Lazy bajaba cada dia los tres pisos que separaban mi casa sin ascensor de la calle, sujetada por una especie de correa amarrada al cuerpo. Lazy comía hierba del jardin donde jugaba con el resto de los niños del barrio y era una más de la pandilla. Obviamente, no habia ningun pollo por los alrededores que tuviera el mismo tratamiento que ella, por eso quizás fue el pollo más admirado del barrio. No vivia en jaula de oro sino en semi libertad. Lo unico que tenia que hacer era soportar a su dueña, que en esa etapa vital no estaba excesivamente cuerda. A propósito de cuerda, Lazy aprendió a saltar a la cuerda junto con su dueña. Despues de los primeros golpes en sus delicadas patas contra la maroma, aprendió a pegar pequeños saltitos con antelación. Y así se convirtió en una pequeña deportista.
El proceso de crecimiento en los animales juega en contra para continuar su vida en una casa de 60 metros cuadrados y una familia de 4 personas. Asi que un dia, cuando el pollo se habia convertido en gallina por obra y gracia de la Naturaleza, la ama tomó la mejor decisión para Lazy: se fue a vivir a una de las huertas que rodeaba nuestro barrio. No volví a verla nunca más. El dueño de la huerta, viejo conocido de la familia, me hizo llegar el primero de los huevos que puso Lazy en la huerta y me acompañó durante el siguiente invierno. La Ama lo coció para que no se rompiera y yo lo pinté y escribí en él "hijo de Lazy".
Nunca supe de verdad si realmente estuvo en aquella huerta, si de verdad aquel huevo era el suyo o no. En realidad no es lo que importa y aquel recuerdo está tan consolidado en mi memoria vital que lo importante no es si sucedió o no sino tu propio recuerdo.

Voy a llamar a la Amá para preguntarle por si acaso.

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