Hace poco, un buen amigo me decía, al hilo de un hecho, que me encontraba en una fase diferente, en la "buena". Me hizo pensar, este simple comentario, en que la vida se compone, efectivamente, de fases vitales, de fases que vamos cubriendo, llenando, completando o como queramos denominarlo, pero en definitiva son momentos finitos, con un inicio y un fin. Ese darse cuenta de que no solo la vida es finita (lo he podido comprobar excesivamente de cerca estos dos primeros meses del año), sino de que cada momento de ésta se compone a su vez de momentos finitos es una de las cosas que me quedaba por aprender (entre millones mas). Podremos llamarlo como queramos, "ahora soy otra persona", "me siento distinta", "no pensé que me pasaría esto a mi", "yo antes no era así" y millones de frases mas que nos escudan ante el hecho del "darse cuenta", de ser conscientes de nuestra realidad mas intima y personal, de que cada minuto vital, supone una muerte de lo que conocíamos hasta ahora de nuestra persona para comenzar un nuevo YO.
Hemos de ser conscientes de que ya no somos los mismos de hace un año, ni siquiera los mismos de la semana pasada o la misma persona que era ayer. Cada hecho que vives te convierte en un ser distinto, nuevo, mejor o peor, pero al fin y al cabo, diferente. Y debemos asumir que , en mayor o menor medida, cada acontecimiento del que participamos, activa o pasivamente, nos convierte en un ser con nuevas ideas, con nuevos pensamientos y con nuevas acciones. Ese ser que vamos construyendo día a día es el que nos hace crecer como personas. Con errores, sin ellos, pero en definitiva, una persona nueva, un individuo en otra fase vital.
Lo que a mi no se me habría ocurrido definir como "otra fase", efectivamente se ha convertido en tal. Teniendo esta premisa como correcta, después de varias fases, comienzo la que un buen cinéfilo describiría como "Encuentros en la Tercera Fase". Una fase llena de esperanza, de miedo, de alegría y de desconcierto. Una fase que cumple todos los requisitos para ser una fase memorable.
Ojala la Tercera Fase se llene de encuentros.
Cuando una puerta se cierra, otra se abre. Si tengo que contar las miles de veces que se me ha cerrado una puerta desde mi infancia, mi adolescencia o mi vida adulta o las veces que he sido yo la que por miedo o cobardía he dado un portazo, no sería capaz de contarlos.
ResponderEliminarEl tiempo, la gente, la alegría, el dolor y la tristeza han irrumpido en mi vida cientos de veces, he dado muchas vueltas pero ahora con 43 años sé que cada una de esas vueltas tiene una razón de ser. Cada una de esas vueltas me ha llevado a una nueva puerta, a un nuevo comienzo. Y por eso lo que antes para mi era un portazo, ahora es simplemente una nueva etapa en mi vida, una nueva puerta que ahora abro despacio, con tiento, pero sobre todo con ilusión y que siempre intento dejar entreabierta con el miedo de que quizás el viento o alguien descuidado pueda cerrarla sin querer.
A veces un vacío inmenso se queda a vivir en tu pecho. Intentas respirar, coger aire con todas tus fuerzas, pero sientes que no es suficiente, que ese aire que llena tus pulmones, no alivia tu corazón... Andas por la vida sin rumbo, perdido y adolorido. La vida se ve gris y todo dejó de tener sentido en ese preciso instante en el que te diste cuenta de como son las cosas que no te gustan. El pesimismo inunda tu cabeza y se instala en tu alma. Pero de pronto, el dolor se marcha. Y luchas con todas tus fuerzas para volver a ver la luz entre tantas tinieblas. Cambias de canal para ver la vida a todo color otra vez.
Todo cuesta y todo duele si apostamos por la vida.
Pero en cuanto vuelvas a subir a la cumbre de "Los Andes" otra vez, te darás cuenta de todo el esfuerzo que has hecho para escalar los obstáculos, las vistas serán mucho más bonitas desde allí arriba, y te das cuenta de que ya no cambiarías nada de lo ocurrido. Y mi querida bloguera... si vas mirando hacia abajo mientras escalas hacia la cumbre VOLVERAS A SONREIR PENSANDO EN TODO LO QUE HAS HECHO DURANTE TODO EL CAMINO...