jueves, 5 de mayo de 2011

Traumas Infantiles II

Uno de los traumas infantiles que recuerdo asiduamente y que tampoco acabo de entender es el aquel que sucedió en el día de Reyes de hace más o menos 25 años. La verdad es que fueron unos Reyes Magos raros y ya la víspera hacía presumir que aquello no acabaría bien.
Aquella tarde de 5 de Enero era una tarde lluviosa, como muchas por mi pueblo (qué gran pueblo y qué gran cárcel!). Ama decidió que con aquella meteorología no se salía ni al portal así que allí estábamos mi hermano Félix y yo en la sala de apenas 3x3 esperando a que llegara la noche para no dormir de emoción. Entonces, la ama, mientras sacaba del bolsillo de la bata de estar por casa unas bolsitas transparentes, nos comunicaba que ese año había sido un poco difícil y que los Reyes Magos (que para entonces ya sabíamos de sobra que eran ellos) pasarían de largo y de vacio por casa. No obstante, habían dejado una bolsa de chuches para cada uno. Aun recuerdo las chuches que había. Fresones grandes, carbón (otra cosa no, pero buenos tampoco parece que fuimos…), petardos dulces,  fantásticos chicles cheiw y caramelos cuba libre que decían que tenia droga dentro (ahora empiezo a entender muchas cosas…).





Teniendo en cuenta que fue el único momento que guardo en mi memoria en el que mi madre nos ha regalado chuches, la situación no pintaba nada bien. Realmente las cosas debían estar complicadas para que el regalo de Reyes de ese año fueran unas chuches.
Nos fuimos a acostar con las esperanzas por los suelos, derrotados y con un sabor tan amargo en la boca que ni los fresones azucarados podían paliar. -“otro año será”-pensábamos.
Amaneció la mañana siguiente con llamadas de la amá en la puerta de la habitación que aun compartíamos mi hermano y yo.
-          ¡¡¡ Al final llegaron los Reyes y dejaron algo, levantad!!!!!!- gritaba la ama, como poseída por el espíritu maligno de la Navidad
No me  podía creer lo que estaba viendo. Después de no esperar nada, cuando recibes algo, esto se convierte en un tesoro. Los Reyes Magos embusteros me habían dejado lo que mas quería en el mundo:
El carricoche y el muñeco pelón!!!

Fui la niña más feliz del mundo durante aproximadamente… 15 segundos. El tiempo que tarde en intentar meter el pelón en el carricoche y darme cuenta de que su cabeza nunca entraría en aquel carro. ¿¿Pero qué clase de logística es esta??? No me lo podía creer y sigo sin entenderlo 25 años después. Esta vez mi madre y mi madrina tampoco se habían puesto de acuerdo. Cada vez tengo más claro por qué, nueve años después, decidí estudiar Psicología.
Aclaración Importante: Estos Reyes fueron los más felices de mi vida. A pesar de las chuches que auguraban  malos tiempos, a pesar del pelón cabezón que nunca entró en el carricoche, a pesar de las lágrimas derramadas, fueron los Reyes que recuerdo con más nostalgia y cariño porque aquel día comprendí el esfuerzo que hacia mi padre por llevar dinero a casa a cambio de pasar el día entre hierros y el esfuerzo que hacia mi madre por renunciar a todo por nosotros. Ese día me regalaron un muñeco cabezón, un carricoche no adaptado para cabezas grandes y un aprendizaje que me supo a gloria.

2 comentarios:

  1. Sabemos que, cuando niños, hay millones de cosas que nos marcan de por vida... y no hablo sólo de recuerdos o situaciones que nos toca vivir, ni de traumas o cosas por ese estilo.

    Sabemos también que todavía recordamos aquel juguete, aquella canción de cuna, aquella golosina y aquellos ídolos que en nuestros corazones permanecen héroes frente a cualquier paso del tiempo, porque lo fueron cuando nosotros éramos niños y nada de lo que se pueda decir de ellos o de lo que sepamos podrá superar lo que nosotros sentimos por ellos.

    ¿Dónde quedaron mi muñeco Chico Bello?, ¿Y mi Bella Genio?, ¿Mi muñeca Mari que decapito mi hermana Denisse? (después de hacer con ella sus prácticas de peluquería). Mis mejores regalos de niña, me los traía mi padre de sus viajes. Me trajo de un viaje a Rusia como no, una colección de “Cuentos Populares Rusos”, que alimentaron mi fantasía desde que aprendí a leer hasta casi los trece años. Que grande “el bollito redondito” y “el pájaro de fuego”.

    Otro de los libros que acompañaron mi tierna infancia, fue uno de tapa dura color verde, lo llevaba a todos lados. No recuerdo bien quién me lo regaló o cómo llegó a mis manos, el caso es que al abrirlo podía encontrar esos cuentos, un poco extraños a veces, que no siempre empezaban con el "Había una vez" pero dónde el bien terminaba venciendo al mal; y así entre arqueros, cabritos traviesos, zarevitz valientes, zares y hermosas zarinas se me pasaban las tardes en el jardín de Pueblo Libre.

    Recuerdo con especial cariño, el de La princesita rana, Los dos Ivanes, El sollo mago, Finish el halcón encantado, Aliónushka e Ivánushka, El caballito mago, El frío justiciero, El platillo de plata y la manzanita lozana, Iván el Ingenioso y tantos otros. Muchos de los títulos cambian según la traducción al español “peruano”. Todos con grandes enseñanzas y tan entretenidos que aún después de superada la infancia, los recuerdo con cariño. El libro perdió su tapa y se quedaron atrás con el cambio de país, sin embargo, soy feliz de poder conservarlo en el corazón.

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  2. Mi padre acostumbraba a decirme que "este año los reyes estan pobres". Recuerdo un año que, al lado del vaso de agua para los camellos y las galletas para los reyes, dejé una moneda de 25 pesetas para ayudar. Nunca me faltó de nada, mis padres se privaron de mucho. Aun recuerdo el dia que se descubrió la magia, las lagrimas de mi mamdre y la cara de resignación de mi padre. Les pregunte, pero entonces, ¿que hacen esos farsantes en la cabalgata? la palabra farsantes les hizo mucha gracia...

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