miércoles, 18 de mayo de 2011

Mascotas Infantiles I

Crecí en un barrio donde convivíamos los payos con los gitanos, en un barrio de casas viejas y pequeñas pero con grandes campos para jugar y compartir experiencias.  Pasé toda la infancia en aquel barrio. Desde los 4 hasta los 15 años. Pasé mi infancia como ya no se pasa, con mi hermano, con todos mis primos, con mis tíos, los primos de mis primos, los perros, los gatos y hasta los pollos.
Cuando tenía 7 años mis padres me dieron el gusto de tener mi primera mascota: un perro raza pekinés (foto idéntica al original). Imagino que no me detuve mucho tiempo a reflexionar sobre el nombre. Teniendo en cuenta mi edad, y mis inquietudes en ese momento vital, me decidí por un nombre que mas de 25 años después sigo y me siguen recordando. Su nombre era Katy. Katy como Katy Perry (por momentos pienso si esta muchacha no me ha robado la idea).

Tener una mascota cuando eres niña te enseña muchos aspectos de la vida que te espera como adulta. Las responsabilidades, las alegrías y las tristezas son parte de ese aprendizaje. Le pusimos un cascabel en el cuello (aun no estaba de moda ni el chip, ni las vacunas ni las correas; estábamos en un ambiente  “salvaje”) y con ello aprendí lo que años después estudiaría en la Universidad: el condicionamiento clásico. Lo que ocurre que lo aprendí al revés. Si bien en los experimentos de Ivan Pavlov (1849-1936) se demostraba que el perro conseguía establecer una  asociación entre un estímulo originalmente neutro y una respuesta (por lo general un reflejo o una secreción glandular, como en el caso de la salivación), en mi caso se originó una asociación entre el sonido del cascabel de Katy con un sentimiento de felicidad absoluta porque me esperaba mi mascota y con un desarrollo de la salivación por el inminente bocata de nocilla que me esperaba en casa después del colegio).

Eventualmente, y cuando a la madre se le había olvidado comprar el bote, hacíamos nuestra receta casera de algo similar a la nocilla:


El resultado era una masa compacta y casi mortal por los polvos del Cola Cao que intentábamos untar en el pan sin ningún éxito.
Katy nos acompañó durante no mucho tiempo cronológicamente pero si en nuestras conversaciones, en nuestras experiencias y en nuestro desarrollo como persona. En la época en la que no se acostumbraba a llevar a los perros al veterinario, Katy murió de la enfermedad del moquillo. Una tarde, volviendo del colegio por el camino de huertas que rodeaba el trayecto, el  esperado sonido del cascabel no llegó. Y entonces supimos que aquel dia era diferente al resto de los demás días de nuestra vida. Era el primer día que experimentábamos la pérdida de un ser querido. Era el momento de saber qué era el duelo.
Aún casi treinta años después, el sonido de un cascabel nos retrotrae a aquella época de diversión, de compañeros de juegos y de Katy. De Katy Valdecantos. Hoy, treinta años después aun sigue viva Katy Valdecantos.

2 comentarios:

  1. “Adios Pinky! Cuando muere tu mascota”
    Uno de los acontecimientos más estresantes en la vida de una persona es la muerte de una mascota, un hecho no demasiado entendido por las personas que no conviven con animales (esto me lo apuntaste tú cuando murió mi pequeña), pero que puede provocar un profundo pesar en quienes sí lo hacen y sufren su pérdida. Cuando fallecen, tu salud se resiente. La muerte de una mascota puede ser un acontecimiento profundamente doloroso para las personas que conviven con ella, es como la muerte de un familiar directo, explica Gary Kowalski, autor de "Adiós Toby. Cuando muere tu mascota". Este libro me lo regalaron cuando ella todavía estaba viva, en la feria de las mascotas de Barcelona y me dolió mucho que lo hicieran porque mi perra tenía entonces 16 años. En este libro te explican que quienes han perdido a un animal desarrollan síntomas lo suficientemente graves como para justificar la visita a un médico, que, en las semanas inmediatamente posteriores a la muerte, los dueños experimentan un trastorno en los hábitos de sueño o dificultades con su alimentación, ambos síntomas de depresión clínica. Más de la mitad se volvieron absortos y evitaron actividades sociales. Y que la mitad se encontró con dificultades relacionadas con el trabajo, perdiendo entre uno y tres días laborales como resultado de la apatía o del bajo nivel de energía. Incluso hay indicios de que las parejas casadas son más propensas a divorciarse después de la muerte de una mascota en casa.
    La muerte de una mascota es un asunto serio, afecta de manera adversa tu salud, tu carrera y tus relaciones con los demás. Está claro que para gran parte de quienes conviven con un animal doméstico éste llega a convertirse en un miembro más de la familia, y que su fallecimiento no puede dejar indiferente al resto de familiares. Sin embargo, en la sociedad actual aún se tiende a minimizar su fallecimiento. Lo que llevo peor desde la muerte de Pinky es la ruptura de una rutina y unos hábitos arraigados entre nosotras. Los días del baño (en los que yo siempre acababa llena de jabón), el sonido de sus patitas por el pasillo, nuestros largos paseos por la noche, su costumbre de abrirme la puerta del lavabo con la cabecita cuando yo estaba en el wáter, o el esperarme tumbada en la toalla peluda de la ducha. O simplemente desayunar con alguien observándome desde abajo. La echo tanto de menos que, todavía sigo comprando sus quesitos favoritos y mirando en la cocina la zona de sus platitos. Me pongo la tele con el volumen más alto para evitar sentirme sola y no darme cuenta del gran vacío que ha dejado en mi tras su muerte.
    Otro de los trucos que apunta en su libro es escribir una carta de despedida, que puede ser de gran ayuda para liberarse de la tristeza que se pueden sentir durante el periodo del duelo, y así lo hice. La titulé “Hasta Siempre Cariño!!! Y se la envié a las personas que alguna vez habían tocado mi corazón de una forma importante. Tal y como afirmé en la carta, pienso que la vida no tendría que quitarnos nunca lo que amamos y por supuesto ella siempre estará conmigo.

    06-05-2011
    Un vecino me preguntó por ti...
    Hoy me preguntaron por ti… Y no supe que contestar, me quedé callada, en silencio, inventando una historieta. Quise reír y disimular, desaparecer de este planeta.
    Cuando me preguntaron por ti… Sentí de nuevo tú presencia en mi corazón,
    Ese espacio que iba vaciándose, se volvió a llenar de ti. Ayer me preguntaron por ti… Y el mundo me cayó encima. Mal momento, Cuando me preguntaron por ti…
    Me asustaba la fuerza de este río tan crecido, es triste y lamentable que aun me duela y no admitirlo.
    El lunes y el martes, me preguntaron por ti…Y comprendí que sigues estando conmigo, y no te has ido. Yo que pensaba que te habías marchado también de mi corazón, de mi recuerdo y de mis planes, de mi futuro y de mi destino.
    Es muy difícil aceptarlo, pero es mas duro tener razón. Mañana 7 de mayo, te echaré de menos 3 meses Pinky….

    ResponderEliminar
  2. Y lo mejor de todo es que, despues de todo el dolor, que por suerte pasa, queda contigo el aprendizaje, que no se va nunca.

    ResponderEliminar